¡Quiero más! ¡Quiero Mays!
De niña, me gustaba especialmente jugar con una pareja de muñequitos que iban vestidos como en la serie "La casa de la pradera" o los cromos de dibujos de Sarah Kay.
Como medían apenas 20 cm eran muy manejables y los solía llevar en el coche, cuando los viajes por carretera en España, en los años 80, eran interminables.
Pero lo que son las cosas, crecí y mi memoria los desterró durante largo tiempo.
Hace unos ocho años, empezando a investigar por los foros de coleccionistas de juguetes -que ya proliferaban en Internet-, ví una foto de aquellos mismos muñecos que me trajo muchos dulces recuerdos.
Una imagen es fidedigna, es poderosa, es incuestionable; a diferencia del filtro de nuestro recuerdo que, a menudo, distorsiona los detalles.
He conocido a numerosos coleccionistas que me han contado sus comienzos en esta afición y en la mayoría la historia se repite: toparse con aquel objeto que significó algo especial en tiempos pasados.
A veces es la propia pieza recuperada del desván familiar, otras un modelo similar reconocido en un mercadillo.
Yo ni siquiera recordaba el nombre o el fabricante de los muñequitos que tuve de niña pero, al ver la foto, sentí una irrefrenable necesidad de saber más. Alguien me dijo que eran Mays, de Famosa.
Rebuscando en casa de mis padres, no encontré los muñecos pero sí sus ropas.
Quise hacerme con una pareja de Mays "Pradera" como los que yo tuve: niña de verde y niño de marrón. Los conseguí.
Durante una temporada, fui encontrando varios Mays en mercadillos y ferias, y así empecé con ellos.
Muchos incluso los adquirí en sus cajas, por estrenar.
Desconocía que había tantos modelos diferentes.
Hoy en día, todavía descubro nuevas versiones de Mays que hacen que siga pensando: - ¡Quiero más! -.