jueves, 31 de octubre de 2013

Con Carme Cervera

Ha sido un gran honor conocer a la creadora de Gisela, la señora Carme Cervera Giralt.
A sus 96 años está fantástica, recordando muchos detalles de su etapa en Madrid, emocionada de coger a sus/mis muñecas Gisela y Lilí.
La gran coleccionista Irene Comas fue la anfitriona, en su preciosa exposición de muñecas antiguas.

Carme Cervera y yo
Carme Cervera se trasladó a Madrid en 1943 para asisitir a su hermana enferma, pero la estancia que iba a ser temporal se alargó más de 50 años. Por circunstancias de la vida, encuentros fortuitos y una gran determinación, creó la muñeca Gisela en 1944 y algunos años después creó a sus hermanos, el bebé Guni en 1951 y la muñeca Lilí en 1952.
Gisela fue un fenómeno social, fue la protogonista de una revista infantil y un programa de radio. Tan popular en las décadas de los 40 y los 50 como lo fue Mariquita Pérez, por ejemplo. Se dejó de fabricar en 1961.

La señora Carme Cervera cogió en brazos a mis muñecas Giselas y Lilí, creadas por ella hace 60 años.





La gran coleccionista y buena amiga Irene Comas ha inaugurado un local en el que se expone su colección de muñecas antiguas, una visita muy recomendable en Santa Coloma de Farners.
Allí fue donde quedamos con Carme Cervera y pasamos una tarde magnífica hablando de la época dorada de la muñeca española de cartón piedra.

Explicándome la "receta" de harina con la que enganchaban las pelucas
Carme Cervera y su sobrina en la exposición de Irene Comas

sábado, 21 de septiembre de 2013

Palomita se hace de rogar

Palomita de Madrid es de esas muñecas españolas difíciles de conseguir.
No es de las que aparecen con frecuencia y ya se sabe que la escasez repercute en el precio.


Es una muñeca más delgada que Mariquita, Gisela o Cayetana, aunque de estatura similar.
Una característica que llama la atención es la pronunciada forma ovoide de su cabeza.
Lleva pintadas las uñas tanto en manos como en pies y sus ojos son más grandes y redondeados que de costumbre. Tiene una cara peculiar que no me atrajo enseguida sino que me ha ido convenciendo con el paso del tiempo.


Quizá por eso ha tardado años en llegar. La oportunidad de conseguirla se presentó hace pocos meses, y afortunadamente para mí, por un importe razonable.
Esta rubita de ojos azules podría contar la historia de como viajó de Europa al Caribe para descansar en Norteamérica y finalmente regresar a su país de origen.
Ahora la escoltan en la vitrina otras compañeras de su época, supervivientes también como ella.





sábado, 3 de agosto de 2013

Más alumnos del instituto monstruoso

Hace un año de la llegada de las primeras Monster High, y en este curso han ido matriculándose muchos nuevos alumnos.
Se han servido de todo tipo de excusas para incoporarse a la colección, que si aniversarios, fiestas, promociones exclusivas de esas que hay que aprovechar, etcétera.
Son las muñecas de mis hijos pero me dejan jugar con ellos. Las hay de batalla y otras con las que se tiene más cuidado. Nos encanta ponerlas juntas, peinarlas, jugar con las mascotas y enseñarlas a las primitas y amigas que vienen de visita.

La verdad es que ya son unas cuantas muñecas Monster High y han necesitado mudarse de estantería a vitrina para estar todas juntas.

 
 
  
 
 
 
 
 
 
 


miércoles, 31 de julio de 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

Descubriendo a Rosa Maria

Hay pocas cosas que me gusten más que jugar a detectives. 
Por norma general, tienden a llamarme más la atención aquellas muñecas con "nombre y apellidos", es decir, de fabricante claramente identificable, que las muñecas más populares como pueden ser las humildes peponas.
Eso no quita que me fije también en muñecas sin marca, de las que no sé nombre ni procedencia.


Una tarde, entre recado y recado, no pasaba lejos de aquella tienda de antigüedades y objetos curiosos que visito muy de vez en cuando -ya que se encuentra en un barrio que no frecuento- así que sentí el impulso de acercarme a echar un vistazo. Desde ese escaparate no es habitual vislumbrar muñecas antiguas sino más bien muebles, discos o papel, pero en aquella ocasión me pareció ver un trocito de pierna de cartón piedra así que entré.

Desde el interior del establecimiento, la muñeca no aparentaba estar en un lugar muy accesible pero pedí que me la enseñaran. Tras un ejercicio de contorsionismo, me la  acercaron. Era una muñeca de cartón piedra más grande de lo que percibí a primera vista, más alta y más pesada que algunas muñecas de cartón piedra de su época, como Mariquita o Gisela.

Me gustó. Me pareció una muñeca bonita, de calidad, con el añadido de su estado de conservación impecable y toda de origen. Aún sin marca visible ni conocida para mí. Negociamos el precio y me la llevé a casa dispuesta a investigar. 

  

Por Internet no encontraba fotos que me ayudaran con la identidad de la misteriosa muñequita.
La cuestión es que la miraba y algo en ella me recordaba a Mariquita Pérez por lo que no descartaba que el fabricante fuera Florido.

Un día que había quedado para comer con amigas coleccionistas, hablando de nuestras cosas, llegó la pista definitiva. Una de ellas me contó la historia de cómo consiguió una muñeca "Rosa Maria", en una mercadillo semanal. Una muñeca que coincidía en la descripción que yo le daba de mi desconocida: más alta que otras de su época (50 cm), de barriga prominente, caminadora, con hoyuelo en la barbilla, ojos de cristal, etc. Ella me dijo que su muñeca iba grabada en la barriga con su nombre, Rosa Maria, en rojo y letra cursiva.
En ese momento aún no teníamos la certeza del fabricante, luego supimos que efectivamente era Florido, quien en esa época hacía a Mariquita, también marcada con letras rojas.

Quedé con la intriga de ver una foto para confirmar si era la misma muñeca. Y sí.
Después he visto fotos de otras Rosa María, pero no demasiadas, parece que no es una muñeca que abunde. A no ser que conserve el nombre marcado, se hace difícil identificarla.

Aquí la foto de una Rosa Maria -marcada con su nombre- que salió en una sala de subastas hace algunos meses:





martes, 30 de abril de 2013

Renace la ilusión

Tras un período de hastío, por razones diversas y obvias como son una nueva maternidad y la complicada situación del país, mi colección se encontraba en estado de letargo.
De un tiempo a esta parte, de hecho, mis citas con los mercadillos de juguetes son no solo como compradora potencial sino como feriante.
A pesar de esta coyuntura, en una feria de juguete antiguo de principios de año, la ví y me enamoró.
Fue esta espléndida Ichimatsu la que consiguió despertar esa emoción. Esa sensación perturbadora que ocurre al admirar piezas excepcionales y maravillosas. En meses, ninguna otra muñeca había provocado ese sentimiento, que tenía casi olvidado.
A lo largo de la jornada le hice varias visitas y fotos. Se creó cierta complicidad con la vendedora compañera pero, a pesar de las facilidades que me ofrecía, la cordura me animaba a no asumir el gasto.
Por eso decidí que no debía caer en la tentación y me propuse intentar sacármela de la cabeza.

Pasó un mes y en un mercadillo de otra ciudad volvimos a coincidir. Ahí estaba de nuevo con su extraordinaria palidez y su magnífico kimono. Con su caja original y con las manos todavía protegidas por papel. Perfecta, preciosa.
Durante la mañana la vendedora propuso buscar una fórmula de intercambio pues había alguna de mis muñecas que le interesaban, pero no acabamos de concretar nada en firme.
Por la tarde ya no ví la muñeca en su stand y preferí no saber si había sido vendida o si simplemente la habían guardado para preservarla de la intemperie.

Imaginad mi asombro cuando, dos semanas después de la última feria, mi marido me entrega un paquete como regalo de aniversario y al abrirlo me encuentro con ELLA.
De alguna manera se las apañó para cerrar la compra ese día, llevar la muñeca en el camino de vuelta sin que yo la viera y tenerla escondida en casa durante quince días.
No sé como lo hizo para que no me diera cuenta, es muy bueno en este tipo de sorpresas y además sabe mantener el secreto. Ya lo ha demostrado en muchas ocasiones.
Yo en cambio tengo que esforzarme bastante para no revelar mis regalos, porque me pueden las ganas de acabar con la intriga.

La cuestión es que disfruto de mi nueva muñeca, una Ichimatsu impecable en todos sus detalles. La bella y exótica carita oriental es la causante de que haya renacido en mí la ilusión por el coleccionismo.

domingo, 31 de marzo de 2013

Mi cuarto de muñecas

Hoy me apetece compartir cómo es el lugar que dedico a mis muñecas.
Durante todos estos años la colección ha ido creciendo junto con la necesidad de ampliar su emplazamiento.
Lejos queda cuando bastaba con un espacio encima de una cómada y una estantería.
Eso era en el primer piso donde viví después de independizarme.
A los pocos años, nos llegó el momento de hipotecarnos y tras la mudanza, las muñecas se adueñaron de la mitad de una habitación, que compartían con otras aficiones. Más adelante se quedaron el cuarto en exclusiva.
Después de la llegada de los niños las muñecas tuvieron que volver a mudarse a la que es su morada actual.


Mis muñecas ocupan una estancia acondicionada para ellas, donde casi todas están colocadas en vitrinas trocadas pensando en su exposición. Ahí se alternan las más antiguas con las más modernas, en armonía.
Otras muñecas se guardan en sus cajas originales o en baúles.
Disfruto mucho los ratitos que paso en ese lugar, que me llevó tiempo arreglar.
Elegí el papel pintado, el tono de parquet, el revestimiento de la escalera y me entretuve con esa reforma varios meses.



Me gusta mirar las muñecas desde el cómodo sofá, haciendo ejercicios de memoria en los que repaso la historia de cada una de ellas. O las cojo, las peino y cambio de ropa.



En otra salita tengo mis libros de consulta, que ojeo sentada en las sillas rescatadas de un mercadillo. También hay un par de mesas de trabajo y útiles de restauración para esos ratitos que puedo dedicar a arreglar muñecas que no han envejecido dignamente.

En todo el tiempo de coincidir en ferias y en foros, he conocido a muchos coleccionistas y varios de ellos se han convertido en buenos amigos. Visitar compañeros y sus colecciones es una bonita práctica, y de lo más entretenido.