miércoles, 31 de julio de 2013
viernes, 31 de mayo de 2013
Descubriendo a Rosa Maria
Hay pocas cosas que me gusten más que jugar a detectives.
Por norma general, tienden a llamarme más la atención aquellas muñecas con "nombre y apellidos", es decir, de fabricante claramente identificable, que las muñecas más populares como pueden ser las humildes peponas.
Eso no quita que me fije también en muñecas sin marca, de las que no sé nombre ni procedencia.
Una tarde, entre recado y recado, no pasaba lejos de aquella tienda de antigüedades y objetos curiosos que visito muy de vez en cuando -ya que se encuentra en un barrio que no frecuento- así que sentí el impulso de acercarme a echar un vistazo. Desde ese escaparate no es habitual vislumbrar muñecas antiguas sino más bien muebles, discos o papel, pero en aquella ocasión me pareció ver un trocito de pierna de cartón piedra así que entré.
Desde el interior del establecimiento, la muñeca no aparentaba estar en un lugar muy accesible pero pedí que me la enseñaran. Tras un ejercicio de contorsionismo, me la acercaron. Era una muñeca de cartón piedra más grande de lo que percibí a primera vista, más alta y más pesada que algunas muñecas de cartón piedra de su época, como Mariquita o Gisela.
Me gustó. Me pareció una muñeca bonita, de calidad, con el añadido de su estado de conservación impecable y toda de origen. Aún sin marca visible ni conocida para mí. Negociamos el precio y me la llevé a casa dispuesta a investigar.
Por Internet no encontraba fotos que me ayudaran con la identidad de la misteriosa muñequita.
La cuestión es que la miraba y algo en ella me recordaba a Mariquita Pérez por lo que no descartaba que el fabricante fuera Florido.
Un día que había quedado para comer con amigas coleccionistas, hablando de nuestras cosas, llegó la pista definitiva. Una de ellas me contó la historia de cómo consiguió una muñeca "Rosa Maria", en una mercadillo semanal. Una muñeca que coincidía en la descripción que yo le daba de mi desconocida: más alta que otras de su época (50 cm), de barriga prominente, caminadora, con hoyuelo en la barbilla, ojos de cristal, etc. Ella me dijo que su muñeca iba grabada en la barriga con su nombre, Rosa Maria, en rojo y letra cursiva.
En ese momento aún no teníamos la certeza del fabricante, luego supimos que efectivamente era Florido, quien en esa época hacía a Mariquita, también marcada con letras rojas.
Quedé con la intriga de ver una foto para confirmar si era la misma muñeca. Y sí.
Después he visto fotos de otras Rosa María, pero no demasiadas, parece que no es una muñeca que abunde. A no ser que conserve el nombre marcado, se hace difícil identificarla.
Aquí la foto de una Rosa Maria -marcada con su nombre- que salió en una sala de subastas hace algunos meses:
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martes, 30 de abril de 2013
Renace la ilusión
Tras un período de hastío, por razones diversas y obvias como son una nueva maternidad y la complicada situación del país, mi colección se encontraba en estado de letargo.
De un tiempo a esta parte, de hecho, mis citas con los mercadillos de juguetes son no solo como compradora potencial sino como feriante.
A pesar de esta coyuntura, en una feria de juguete antiguo de principios de año, la ví y me enamoró.
Fue esta espléndida Ichimatsu la que consiguió despertar esa emoción. Esa sensación perturbadora que ocurre al admirar piezas excepcionales y maravillosas. En meses, ninguna otra muñeca había provocado ese sentimiento, que tenía casi olvidado.
A lo largo de la jornada le hice varias visitas y fotos. Se creó cierta complicidad con la vendedora compañera pero, a pesar de las facilidades que me ofrecía, la cordura me animaba a no asumir el gasto.
Por eso decidí que no debía caer en la tentación y me propuse intentar sacármela de la cabeza.
Pasó un mes y en un mercadillo de otra ciudad volvimos a coincidir. Ahí estaba de nuevo con su extraordinaria palidez y su magnífico kimono. Con su caja original y con las manos todavía protegidas por papel. Perfecta, preciosa.
Durante la mañana la vendedora propuso buscar una fórmula de intercambio pues había alguna de mis muñecas que le interesaban, pero no acabamos de concretar nada en firme.
Por la tarde ya no ví la muñeca en su stand y preferí no saber si había sido vendida o si simplemente la habían guardado para preservarla de la intemperie.
Imaginad mi asombro cuando, dos semanas después de la última feria, mi marido me entrega un paquete como regalo de aniversario y al abrirlo me encuentro con ELLA.
De alguna manera se las apañó para cerrar la compra ese día, llevar la muñeca en el camino de vuelta sin que yo la viera y tenerla escondida en casa durante quince días.
No sé como lo hizo para que no me diera cuenta, es muy bueno en este tipo de sorpresas y además sabe mantener el secreto. Ya lo ha demostrado en muchas ocasiones.
Yo en cambio tengo que esforzarme bastante para no revelar mis regalos, porque me pueden las ganas de acabar con la intriga.
La cuestión es que disfruto de mi nueva muñeca, una Ichimatsu impecable en todos sus detalles. La bella y exótica carita oriental es la causante de que haya renacido en mí la ilusión por el coleccionismo.
De un tiempo a esta parte, de hecho, mis citas con los mercadillos de juguetes son no solo como compradora potencial sino como feriante.
A pesar de esta coyuntura, en una feria de juguete antiguo de principios de año, la ví y me enamoró.
Fue esta espléndida Ichimatsu la que consiguió despertar esa emoción. Esa sensación perturbadora que ocurre al admirar piezas excepcionales y maravillosas. En meses, ninguna otra muñeca había provocado ese sentimiento, que tenía casi olvidado.
A lo largo de la jornada le hice varias visitas y fotos. Se creó cierta complicidad con la vendedora compañera pero, a pesar de las facilidades que me ofrecía, la cordura me animaba a no asumir el gasto.
Por eso decidí que no debía caer en la tentación y me propuse intentar sacármela de la cabeza.
Pasó un mes y en un mercadillo de otra ciudad volvimos a coincidir. Ahí estaba de nuevo con su extraordinaria palidez y su magnífico kimono. Con su caja original y con las manos todavía protegidas por papel. Perfecta, preciosa.
Durante la mañana la vendedora propuso buscar una fórmula de intercambio pues había alguna de mis muñecas que le interesaban, pero no acabamos de concretar nada en firme.
Por la tarde ya no ví la muñeca en su stand y preferí no saber si había sido vendida o si simplemente la habían guardado para preservarla de la intemperie.
Imaginad mi asombro cuando, dos semanas después de la última feria, mi marido me entrega un paquete como regalo de aniversario y al abrirlo me encuentro con ELLA.
De alguna manera se las apañó para cerrar la compra ese día, llevar la muñeca en el camino de vuelta sin que yo la viera y tenerla escondida en casa durante quince días.
No sé como lo hizo para que no me diera cuenta, es muy bueno en este tipo de sorpresas y además sabe mantener el secreto. Ya lo ha demostrado en muchas ocasiones.
Yo en cambio tengo que esforzarme bastante para no revelar mis regalos, porque me pueden las ganas de acabar con la intriga.
La cuestión es que disfruto de mi nueva muñeca, una Ichimatsu impecable en todos sus detalles. La bella y exótica carita oriental es la causante de que haya renacido en mí la ilusión por el coleccionismo.
domingo, 31 de marzo de 2013
Mi cuarto de muñecas
Durante todos estos años la colección ha ido creciendo junto con la necesidad de ampliar su emplazamiento.
Lejos queda cuando bastaba con un espacio encima de una cómada y una estantería.
Eso era en el primer piso donde viví después de independizarme.
A los pocos años, nos llegó el momento de hipotecarnos y tras la mudanza, las muñecas se adueñaron de la mitad de una habitación, que compartían con otras aficiones. Más adelante se quedaron el cuarto en exclusiva.
Después de la llegada de los niños las muñecas tuvieron que volver a mudarse a la que es su morada actual.
Mis muñecas ocupan una estancia acondicionada para ellas, donde casi todas están colocadas en vitrinas trocadas pensando en su exposición. Ahí se alternan las más antiguas con las más modernas, en armonía.
Otras muñecas se guardan en sus cajas originales o en baúles.
Disfruto mucho los ratitos que paso en ese lugar, que me llevó tiempo arreglar.
Elegí el papel pintado, el tono de parquet, el revestimiento de la escalera y me entretuve con esa reforma varios meses.
Me gusta mirar las muñecas desde el cómodo sofá, haciendo ejercicios de memoria en los que repaso la historia de cada una de ellas. O las cojo, las peino y cambio de ropa.
En todo el tiempo de coincidir en ferias y en foros, he conocido a muchos coleccionistas y varios de ellos se han convertido en buenos amigos. Visitar compañeros y sus colecciones es una bonita práctica, y de lo más entretenido.
jueves, 28 de febrero de 2013
Aniversario de porcelana
En este año 2013, concretamente el próximo verano, se cumplen 20 años desde mi inicio consciente en esto del coleccionismo de muñecas.
El vigésimo aniversario, si habláramos de bodas, corresponde a las bodas de porcelana.
Ya que la porcelana, históricamente, ha sido uno de los principales materiales usados en la fabricación de muñecas, el aniversario de porcelana tiene un bonito doble sentido para mí.
Había dejado atrás la infancia y me encontraba en plena adolescencia, a los diecisiete años, cuando compré dos muñecas con la intención de sumarlas a otras dos que mi madre me había donado a principios de verano en 1993. Ella era maestra y recibió de sus alumnos, como regalo de despedida de fin de curso, dos muñequitas de porcelana fría.
A mí nunca me habían dejado de gustar las muñecas, pero lejos de las de plástico con las que jugaba de niña, mi fascinación era por las antiguas muñecas de porcelana (a raíz de esta fotografía que comenté cuando empecé el blog). Dado que ese tipo de porcelana era inalcanzable para mí en aquella época, me conformaba con leer y aprender sobre ellas.
Cuando mi madre vino a casa el último día del curso escolar, con una gran sonrisa me dijo: "traigo algo que te gustará". Así fue. Esas dos muñequitas, una rubia con vestido azul y una morena con vestido rosa, me tuvieron embelesada durante días.
Las estudié bien, ví como montaba el cuerpo, las piezas de porcelana, cómo iba la peluca, cómo era la pintura de los rasgos. Pensé que me gustaría tener más muñecas así y también que quería aprender a hacerlas. Ambos objetivos, cumplidos.
A las pocas semanas fui a pasar un mes a Irlanda, de esos viajes de estudiante en casa de una familia del país. Fue una estancia enriquecedora en muchos sentidos, y la primera de varias... pero eso vale otra entrada u otro blog.
La cuestión es que de allí volví con dos muñecas más. Me traje una vestida de blanco, con pelo castaño y una pelirroja autómata, que toca el violín al darle cuerda. Fueron mis dos primeras compras deliberadas, a las que seguirían muchas más.
Aquel verano fotografié las cuatro muñecas juntas. Cuando las cámaras de fotos iban con carrete que se llevaba a revelar. Y aquí tenemos esa imagen de hace veinte años, la primera de las fotos que hice a mi colección:
En mi vieja habitación, a los lados de la cama, las muñecas donadas por mi madre y en el centro, las irlandesas.
Cabe decir que hace tiempo dejé de incluir muñecas de este tipo de porcelana en mi colección, pero no reniego de las que tengo y, por descontado, estas cuatro siempre serán muy especiales por su significado.
El vigésimo aniversario, si habláramos de bodas, corresponde a las bodas de porcelana.
Ya que la porcelana, históricamente, ha sido uno de los principales materiales usados en la fabricación de muñecas, el aniversario de porcelana tiene un bonito doble sentido para mí.
Había dejado atrás la infancia y me encontraba en plena adolescencia, a los diecisiete años, cuando compré dos muñecas con la intención de sumarlas a otras dos que mi madre me había donado a principios de verano en 1993. Ella era maestra y recibió de sus alumnos, como regalo de despedida de fin de curso, dos muñequitas de porcelana fría.
A mí nunca me habían dejado de gustar las muñecas, pero lejos de las de plástico con las que jugaba de niña, mi fascinación era por las antiguas muñecas de porcelana (a raíz de esta fotografía que comenté cuando empecé el blog). Dado que ese tipo de porcelana era inalcanzable para mí en aquella época, me conformaba con leer y aprender sobre ellas.
Cuando mi madre vino a casa el último día del curso escolar, con una gran sonrisa me dijo: "traigo algo que te gustará". Así fue. Esas dos muñequitas, una rubia con vestido azul y una morena con vestido rosa, me tuvieron embelesada durante días.
Las estudié bien, ví como montaba el cuerpo, las piezas de porcelana, cómo iba la peluca, cómo era la pintura de los rasgos. Pensé que me gustaría tener más muñecas así y también que quería aprender a hacerlas. Ambos objetivos, cumplidos.
A las pocas semanas fui a pasar un mes a Irlanda, de esos viajes de estudiante en casa de una familia del país. Fue una estancia enriquecedora en muchos sentidos, y la primera de varias... pero eso vale otra entrada u otro blog.
La cuestión es que de allí volví con dos muñecas más. Me traje una vestida de blanco, con pelo castaño y una pelirroja autómata, que toca el violín al darle cuerda. Fueron mis dos primeras compras deliberadas, a las que seguirían muchas más.
Aquel verano fotografié las cuatro muñecas juntas. Cuando las cámaras de fotos iban con carrete que se llevaba a revelar. Y aquí tenemos esa imagen de hace veinte años, la primera de las fotos que hice a mi colección:
En mi vieja habitación, a los lados de la cama, las muñecas donadas por mi madre y en el centro, las irlandesas.
Cabe decir que hace tiempo dejé de incluir muñecas de este tipo de porcelana en mi colección, pero no reniego de las que tengo y, por descontado, estas cuatro siempre serán muy especiales por su significado.
martes, 1 de enero de 2013
¡Feliz Año Nuevo!
¿Sois supersticiosos/as? Yo no lo soy en absoluto.
Creo firmemente que el año 2013 aportará muchas cosas positivas.
En lo global, y confieso que en lo particular también, 2012 ha sido un año dífícil.
Así que mis esperanzas están puestas en el nuevo año.
Seguro que todo mejorará. ¡Ese es mi deseo!
Creo firmemente que el año 2013 aportará muchas cosas positivas.
En lo global, y confieso que en lo particular también, 2012 ha sido un año dífícil.
Así que mis esperanzas están puestas en el nuevo año.
Seguro que todo mejorará. ¡Ese es mi deseo!
lunes, 31 de diciembre de 2012
También se fue en 2012
Esta muñeca es otra de las que marcharon y dejaron su recuerdo.
Una muñeca toda de origen, en un estado realmente impecable. Debió pasar varias décadas medio escondida, en humilde espera, hasta que la encontré en un anticuario.
Posiblemente nunca hubiera llamado mi atención de primeras, de no ser por Maricela.
Recuerdo sentir que mi afición estaba tomando forma y convirtiéndose en algo serio y "respetable", con piezas importantes como Gisela, Cayetana y Mariquita, cuando no había cumplido los 30 años y la fortuna permitió que en la misma semana me hiciera con dos Mariquitas Pérez.
La segunda Mariquita era parte de un gran lote, algo castigado por el paso del tiempo, pero aún interesante.
Había ropa original, la tabla de planchar completa con plancha y cesta de la ropa, también una sillita de paseo y un par más de muñecas: una andadora de las populares, sin nombre conocido, y una Maricela.
Maricela se pasó años en casa con un interrogante sobre ella: ¿me la quedo o no?
Hace ya mucho tiempo un amigo se ofreció a adoptarla, y como en esa época no me había llegado a calar, fue fácil llegar a un acuerdo y la muñeca se fue con él.
No era una Maricela cualquiera, era el modelo andador, de pelo natural, ojos de cristal que se podían abrir y cerrar a voluntad gracias a un cordoncito en su espalda. El modelo superior, el que llevaba todos los "extras".
Un día me topé con esta muñequita cuya cara es como la de un modelo de Maricela, aunque sus ojos no son de cristal y su peluca es de mohair. Tampoco es un modelo andador.
Sin duda es un modelo más basto y de inferior calidad pero en su día me gustó.
A mitad del año pasado se fue de mi colección para ingresar en la de una amiga.
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